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domingo, 2 de septiembre de 2018

LA VERDADERA IGLESIA 7

LA CASA DE DIOS

Introducción: A través de los tiempos en las diferentes denominaciones religiosas se ha dado el nombre de “casa de DIOS”  al lugar donde se congregan o reúnen los  fieles de esa denominación. Sin embargo al hacer un estudio breve en las Sagradas escrituras, no encuentro un soporte  para tal afirmación.

¿Es correcto llamar “casa de DIOS” al lugar de reunión?
El Señor JESUS  personalmente hizo la siguiente afirmación: 
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. (Juan14:2)
Aquí la Escritura es clara la “CASA DE DIOS” no está ubicada en la tierra.
Es fácil dejarse llevar por la tradición humana y aceptar que  el sitio donde usualmente se reúne un grupo de profesantes religiosos es la casa de DIOS; pero si ponemos en contexto  esta afirmación nos damos cuenta de que es un error grave y no debemos asentir a tal afirmación.
En el libro de los hechos (Hechos 7:47-9) ESTEBAN expone una porción de una declaración del profeta ISAIAS (66:1) “Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? “
Es aventurado( por decir lo menos)  tratar de  justificar la construcción de cuantiosos edificios a cargo de los  fieles, con el argumento que es para  utilizarlos como “casa de DIOS”;  he visto con dolor a muchos dirigentes religiosos ir hasta los tribunales en pleitos con sus otrora compañeros, a pelear por la propiedad de esos lugares; hay instituciones religiosas que han desaparecido por pugnas materialistas derivadas del afán de propiedad de tierras y edificios, que antes denominaban “Casa de DIOS”.
En una asamblea anual de una  denominación religiosa de talla mundial en el informe anual de uno de sus representantes, quede perplejo porque  esperando  escuchar el reporte  de nuevas almas salvadas del pecado, de hogares reconstruidos, de vidas transformadas por el poder del Espíritu Santo; el líder abrió su informe diciendo “hermanos el año pasado teníamos 90 títulos de propiedad, hoy con mucho gusto les informo ¡TENEMOS 140!”….
Y lo triste es que una afirmación continúa cala en la mente de las personas. 
Ya lo dijo alguien  con mucho tino” si repites y repites una mentira; esta terminara siendo cierta para los que la escuchan”
Muchos toman como ejemplo  el Templo que hizo SALOMÓN, pero se olvidan que esta fue una promesa de DAVID y que fue aceptada y dirigida en su desarrollo directamente por el Creador hasta en el más mínimo detalle ; así mismo su uso y   servidumbre.
Una de las principales formas de  obtener dinero en las diferentes  profesiones religiosas se basa en la siempre urgente necesidad de construir, adecuar o mantener el lugar de reunión; sin embargo  hay  más de  lucro que de  santo en esta solicitud.
En todas  partes cada día con más  urgencia hay personas necesitadas económicamente, pero vemos una ausencia  delatora  de parte de muchas (por no decir todas) de las distintas  denominaciones religiosas; es más importante adecuar “la casa de DIOS” que ayudar a las personas.
La Casa de DIOS, es un lugar a donde todos los  salvos por el sacrificio  del Unigénito Hijo de DIOS; JESUS, iremos a morar por siempre; pero no es un lugar cualquiera, no es un lugar  como el que humano alguno haya imaginado.
En el libro del Apocalipsis capítulos 21 y 22 se describe detalladamente ese lugar “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.
Esa es la CASA de DIOS, un lugar inimaginable, de paz, de amor, de vida.
¿Considera Usted amigo y hermano que es correcto llamar “casa de DIOS” a un  lugar de reunión?
Es incomparable lo que  en realidad es la CASA DE DIOS; a lo que se nos ha venido enseñando.
No podemos dimensionar  en nuestra mente finita lo que significa para los que aceptamos al Señor JESUS  como Señor y Salvador el ser  considerados  dignos de entrar a morar en esas habitaciones que el Señor fue a prepararnos.
En LA CASA DE DIOS, no habrá más muerte, esto significa que quienes tengamos el privilegio de ir allí, tendremos VIDA ETERNA.
Es fácil llamar a un lugar “casa de DIOS” desconociendo la  gran verdad y lo que en realidad es la verdadera CASA DE DIOS, casa que está siendo preparada para el pueblo que JESUS compro a precio de su propia vida en la cruz del calvario.

No puedo terminar sin preguntar: ¿Tiene Usted la seguridad de que ira a morar en la CASA DE DIOS?
Si su respuesta no es un SI determinante; le invito en esta hora para que acepte a JESUS como Señor y Salvador.
Haga conmigo esta oración:
Señor Jesús En este momento reconozco que soy pecador y que te he fallado pero creo que Cristo murió por mí y que su sangre preciosa me limpia de todo mi pecado.
Por fe, en este momento te recibo en mi corazón como mi único y suficiente salvador personal confiado que tú me darás la salvación de mi alma.
Ayúdame Señor a hacer tu voluntad cada día.
Te pido que escribas mi nombre en el libro de la vida para cuando tú me llames yo pueda responder, Te doy gracias en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo amen.



Bendiciones






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