EL ULTIMO DÍA
¡Vamos
ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un
año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque
¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de
tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor
quiere, viviremos y haremos esto o aquello. (Santiago 4:13-15)
Introducción: siempre que uno mismo o un ser
querido esta enfermo , nos vemos enfrentados a situaciones que nos llevan a
reflexionar sobre lo frágil que es nuestra
vida; nos sentimos tan indefensos, nuestra
mortal realidad se hace latente, aquello que otrora no tenía importancia
de repente cobra una inusitada urgencia, vemos la imperante necesidad de la
ayuda divina; y es allí donde tenemos
que aceptar sin contradicciones de
ninguna clase que nuestra existencia
irremediablemente depende de una voluntad superior.
Cierto es que algún día tenemos que
partir, pero una cosa es saberlo y otra muy diferente enfrentarlo; no hay armas que valgan en esta guerra.
Es ineludible que nos preguntemos:
¿Estamos listos para vivir
el último día de nuestra existencia? Escuchamos
a diario decir que no sabemos cuándo será,
pero que sabemos efectivamente que llegara. Vivimos y nos comprometemos, hacemos cosas, planeamos y pensamos como si
fuésemos inmortales.
El apóstol Santiago tocando específicamente este punto escribió “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” (Santiago 14:15).
El apóstol Santiago tocando específicamente este punto escribió “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” (Santiago 14:15).
Si multitud de personas diariamente
encomendamos nuestra vida y la de
nuestra familia en las manos del Señor; y es que la única certeza que tenemos
quienes hemos creído en JESUS, es la de su permanente compañía. No es que no
vayamos a morir (eso está establecido y no cambiara) pero la diferencia es
que se enfrenta esta realidad con tranquilidad, sin temor. Con la certeza de
que esta muerte será “Temporal” y que nuestra resurrección será para gozo y
vida eterna (1 tesalonicenses 4:13-18).
El apóstol nos recrimina que hacemos
planes a tiempos futuros indeterminados,
que adquirimos compromisos, que determinamos acciones en tiempo por venir, sin embargo él no dice
que no lo hagamos, lo que aconseja es
que todo se haga con la dirección y bajo la guía de DIOS. Si, bajo la guía de
Dios, con su bendición, con fe y esperanza, sin temor; nos recuerda que nuestra
vida es limitada , finita, pasajera, la compara con la niebla, pero nos dice que es mejor siempre
pedir la guía y protección de DIOS.
No sé cuándo será mi último día de
vida en esta tierra (ni me preocupa, porque eso depende exclusivamente de la misericordia de DIOS);
pero lo que si se con certeza es donde pasare la eternidad; porque se con seguridad que será en la presencia del
Señor para siempre jamás (Apocalipsis 21:1-8).
La verdad a nadie le gusta hablar de
este tema; porque la muerte es un tema doloroso, triste, pero es real y está
presente, es una parte de la vida, lo
interesante es que DIOS envió a JESUS su único hijo para que por amor y por gracia (regalo) nos diera la
potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
Esta oportunidad de ser hechos hijos del Dios altísimo, es un regalo,
el precio lo pago el Señor Jesús en la cruz del calvario y lo aseguro con su resurrección
y ascensión al cielo donde esta como
nuestro permanente Salvador y defensor.
La muerte lleva al alma del ser humano dolor, tristeza,
temor; pero está (la muerte) fue vencida por el Señor Jesús con su gloriosa resurrección;
y determino el camino para todos aquellos que le acepten como Señor y Salvador.
El último día de vida en este mundo
es en realidad la antesala para acceder a la promesa divina y obtener la vida
eterna, ¿tristeza, dolor? SI, somos humanos y tenemos sentimientos, lazos que
nos unen, ¿temor, incertidumbre? NO, porque nuestra partida es una nueva etapa en el camino que nos lleva
a la vida eterna prometida por el Señor y establecida por DIOS para todos sus hijos.
¿Somos conscientes de que ese día más
tarde o temprano llegara? Si, por esta razón
no debemos postergar nuestra decisión para tener la seguridad de nuestra salvación,
de ello depende que podamos ser partícipes de la vida eterna celestial.
¿Cómo me preparo para ese día? No hay sino un camino
hacia Dios “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6) No hay otra manera, la única es aceptando a JESUS,
como Señor y Salvador, entregar la vida a su cuidado, no es la religión, ni las
denominaciones, las que aseguran la vida eterna, es únicamente JESUS, quien
tiene la potestad (Juan 17-2). No es el pastor, o el sacerdote, ni el líder, la
decisión es personal, nadie puede tomarla por otra persona, debe ser un encuentro
y determinación propia, personal y sincera ante DIOS a través del Señor Jesús,
es aceptar el regalo incondicional de Dios y hacerlo propio, las obras no ayudan,
son el resultado pero no el medio para alcanzar la salvación.
No perdamos tiempo de pronto es
nuestro último día, tomemos la decisión y aseguremos la vida eterna…
Bendiciones.

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