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martes, 24 de diciembre de 2019

Un tema en navidad

Siete fundamentos de una Fe dinámica

Entiendo que puede causar sorpresa este tema en esta fecha, si todos están en reunión familiar, se habla de parabienes, todo es regocijo, sin embargo hay también muchas situaciones que llevan reflexión y muchas preguntas a nuestra vida.
Quiero compartir esta reflexión, y que sea para edificación y crecimiento.
¿Qué es la fe y por qué obra milagros?
Una definición sencilla de los milagros es que se trata de hechos sobrenaturales de origen divino, que rompen todos los esquemas de la lógica humana. La Biblia reafirma este concepto cuando señala que: “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir aquello que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.”(Hebreos 11:1, versión Dios habla hoy)
Nos disponemos a creer y actuar, aunque todo indique—los hechos y circunstancias—que la corriente está en contra nuestra. Creemos aun cuando lo más probable es que nada puede ocurrir. El apóstol Pablo lo explica de la siguiente manera: “Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras y las que no se ven son eternas.”(2 Corintios 4:18, versión Dios habla hoy). Y también: “Ahora no podemos verlo, sino que vivimos sostenidos por la fe…”(2 Corintios 5:7, versión Dios habla hoy; Cf. Romanos 8:24)
Nuestra fe es dinámica, no estática. Crece. Se afianza. Alcanza niveles de madurez. Llega a esa dimensión en la que ocurren los milagros. Va en contra de toda explicación racional. Se mueve en el convencimiento de que ese algo que para nosotros resulta imposible, ocurrirá por intervención de Dios.
Hay siete principios de una fe dinámica que deseo compartir con usted y que toma fundamento en un relato del evangelio de Marcos, capítulo 5, versículos del 21 hasta el 43. Entonces, ¿cómo es la fe dinámica?
1. Es una fe que reconoce los límites
Cuando cursaba la secundaria, un compañero de clase se fijó la meta de sobrevivir sin ayuda de su padre. El orgullo le llevó a creer que podía mantenerse solo.
Después de clases  iba a un escenario deportivo cercano, vendía dulces, gaseosas y cuidaba vehículos en la playa de estacionamiento. El dinero que ganaba a duras penas le alcanzaba para cubrir el costo del desayuno, de una comida y el transporte al colegio.
Su vida prosiguió así, en medio de penurias por mucho tiempo, hasta que llegó al límite de sus fuerzas y regresó de nuevo al hogar. Reconoció que en sus fuerzas, sin estudio y con todo en contra, sólo podía agenciarse el fracaso en cada paso que diera.
Esa misma situación nos ocurre cuando tratamos de resolver los problemas a nuestra manera. Sólo cuando reconocemos que hemos llegado al final de nuestra capacidad, y nos volvemos a Dios, lo imposible se torna posible.
El relato bíblico señala que el Señor Jesús estaba junto al mar de Galilea: “Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la orilla.  Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies  suplicándole con insistencia: –Mi hija se está muriendo: ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva. ”(Marcos 5:21-23)
Cuando hay problemas o necesidades, se agotan nuestra capacidad y los recursos, no bastan los títulos o posición social; entonces, sólo nos queda reconocer la grandeza y poder de Dios.  Tenga presente que el Dios en el que hemos creído es un Dios de milagros. Si albergamos esperanza de que algo ocurrirá, esa esperanza fortalece nuestra fe, y avanzamos en la dimensión de los milagros.
2. Es una fe que rompe la lógica humana y vence el qué dirán
Sin duda habrá escuchado voces derrotistas cuando procura un milagro. “No pierdas tiempo”, le habrán dicho. Satanás es muy hábil y procura robarnos cualquier semilla de fe que anide en nuestro corazón. No obstante debemos afirmarnos en Dios y seguir adelante.
El Señor Jesús honra y alimenta nuestra fe: “Jesús fue con él, y mucha gente le acompañaba apretujándose a su alrededor.”(Versículo 24, versión Dios habla hoy)
No deje que los incrédulos le roben la bendición de los milagros. Siga adelante, sin prestar oído a los incrédulos.
3. Es una fe que crece por encima de las circunstancias
Cuando confiamos en Dios, ocurre  una muestra de su poderío: “Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña: –Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro? Pero Jesús, sin hacer caso de ellos,   dijo al jefe de la sinagoga: –No tengas miedo. Cree solamente. ”(Marcos 5:35, 36, versión Dios habla hoy)
Crea. Simplemente eso: crea. No mire las circunstancias y afírmese en Dios que responderá con poder.
4. Es una fe que confiesa milagros
Pedimos a Dios que obre milagros, creemos y confesamos que ocurre. Convencimiento. Avanzar creyendo.
Cuando usted viaja en avión, ¿acaso duda que llegará a su destino? Si fuera así, no abordaría la aeronave. Piénselo, así es con Dios. Simplemente debemos creer, como sigue anotando el texto bíblico: “Y sin dejar que nadie le acompañara, aparte de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, se dirigió a casa del jefe de la sinagoga. Allí, al ver el alboroto y la gente que lloraba y gritaba, entró y les dijo: –¿Por qué alborotáis y lloráis de esa manera? La niña no está muerta, sino dormida.”(Marcos 5:37-39, versión Dios habla hoy)
Si vamos al Señor, si creemos que Él es hacedor del cielo y la tierra—el universo y todo lo que lo habita–, debe tener el convencimiento de que ese milagro que pidió es algo mínimo para un Dios de milagros, como aquél en quien hemos creído. Recuérdelo siempre: fe es convencimiento, nada más.
5. Es una fe que no se doblega
Cuando pasa el tiempo y el milagro no se produce, ¿qué hacer? La respuesta es sencilla: perseverar. No doblegarnos. Avanzar creyendo.
La escena continúa con un hecho contundente. El Señor Jesús obró por encima de la incredulidad y crítica de quienes le rodeaban: “La gente se burlaba de Jesús, pero él los hizo salir a todos, y tomando al padre, a la madre y a los que le acompañaban, entró donde estaba la niña.”(Marcos 5:40, versión Dios habla hoy)
No imagina las burlas y críticas que recibo a diario por mis convicci0nes de fe; igual usted, sin duda. No obstante, nuestra confianza en Dios, el convencimiento de que se manifestará con un hecho milagroso, debe seguir firme y airosa por encima de las circunstancias adversas.
6. Es una fe que actúa
No basta con creer, hay que actuar. Recuerde que la fe es dinámica, no estática. Cuando ingresa las llaves en su auto, ¿confía que accionará el sistema de encendido? Por supuesto que sí. Igual cuando va a encender la luz. ¿Se acerca al interruptor dudando que prenderá’ Por supuesto que no. Usted no racionaliza de dónde viene la energía, cuál es su fuente ni qué accionará el filamento que ilumina. Simplemente acciona el swiche.
Fe es actuar, como leemos en el Evangelio: “La tomó de la mano y le dijo: –Talita, come (que significa: “Muchacha, a ti te digo: levántate.”) Al momento, la muchacha, que tenía doce años, se levantó y echó a andar. Y la gente se quedó muy impresionada.”(Marcos 5:41, 42. Versión Dios habla hoy)
Creer y actuar, téngalo presente. Es la clave que abre las puertas a los milagros de Dios. ¡Es hora de obrar en fe!
7. Es una fe que sólo glorifica a Dios
Siempre me sorprende y maravilla que nuestro amado Señor Jesucristo actuaba para honrar y glorificar a Dios. La sanidad de de la niña fue motivo para exaltar al Padre celestial: “Jesús ordenó severamente que no se lo contaran a nadie, y luego mandó que dieran de comer a la niña.”(Marcos 5:40, versión Dios habla hoy)
Cuando Dios obre un milagro en su existencia, glorifíquelo a Él. La honra y exaltación le corresponde. Usted y yo no tenemos poder, es Él y si nos utiliza para ministrar sanidades y hechos milagrosos, es por Su poder.
Desconozco cuál es su situación, pero puedo asegurarle que los milagros son para su vida. No hay nada imposible para el Supremo Hacedor y usted podrá comprobarlo. Ore, crea y actúe. Su vida será diferente y lo imposible será posible en Dios.

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