NUESTRA SEGURIDAD

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lunes, 16 de marzo de 2020

NUESTRO AMPARO EN LAS PRUEBAS


¿Qué Hacer En Una Crisis?
 “NO PODÍA HACERLE FRENTE… ASÍ QUE NOS DEJAMOS LLEVAR A LA DERIVA”
(Hechos 27:15)
El capitulo 27 del libro de Hechos, narra  toda la odisea vivida por el Apóstol Pablo y demás personas que viajaban en el barco, cuando era conducido prisionero hacia Roma.
No pasa inadvertido el hecho de que los  dirigentes del barco no hicieron  caso de los consejos del Apóstol, por el contrario tomaron decisiones que paso a paso fueron agravando la situación al extremo de poner en peligro las vidas de todos.
Sin embargo la protección de DIOS fue manifiesta.
En general reaccionamos ante las crisis de alguna de las tres formas en que reaccionaron los marineros a bordo del barco de Pablo: “El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento, así que nos dejamos llevar a la deriva” (Hechos 27:15). Lo primero que las tormentas de la vida suelen hacer es llevarnos a la deriva.
Perdemos de vista nuestras metas y nos olvidamos de hacia dónde nos dirigimos. Nos invade la pena dejamos de luchar y acabamos dejándonos arrastrar por ella.
 ¡Es hora de hacer lo contrario!
Agárrate con más fuerza a tu fe: “Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque Él  es el que hizo la promesa… “no perdáis la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Necesitáis perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, recibáis lo que Él ha prometido” (Hebreos 10:23, 35-36).
Fíjate en que es “Él es el que hizo la promesa”.
Una pregunta: ¿Te ha fallado Dios alguna vez? No, y tampoco lo hará ahora. “Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque Él es el que hizo la promesa” (Hechos 27:23).
Y Él te acompañará hasta sacarte de la crisis.
ARROJARON AL MAR LOS APAREJOS DEL BARCO” (Hechos 27:19) No te deshagas de lo importante. Las cosas no mejoraron para nada en el viaje de Pablo a Roma. “Al día siguiente, dado que la tempestad seguía arremetiendo con mucha fuerza… comenzaron a arrojar la carga por la borda…  los aparejos del barco” (Hechos 27:18-19).
Fíjate en qué cosas desecharon:
a) La carga, aquello preciado y valioso.
b) Los aparejos del barco, precisamente lo que podría haberlos estabilizado.
c) La comida, lo que necesitan para sustentarse.
d) A ellos mismos, puesto que saltaron por la borda y empezaron a nadar hacia la orilla.
Cuando nos encontramos en una crisis, sentimos la tentación de deshacernos de las cosas que más necesitamos, de aquello que nos es importante, de los valores que nos rigen en tiempos mejores.
Bajo presión nos queremos deshacer de todo.
Nos volvemos compulsivos, damos por perdidos nuestros ideales, nos alejamos de los amigos y arrojamos por la borda los principios importantes que aprendimos de niños.
Josué dijo a los hijos de Israel: “Permaneced fieles a Dios, como habéis hecho hasta ahora” (Josué 23:8).
En vez de dudar de la promesa que Dios te ha hecho, mantente más firme en ella.
En lugar de abandonar el plan y el propósito que Dios tiene para tu vida, aférrate a ellos con más fuerza. “Así que, hermanos míos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).
“Pase lo que pase, comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo” (Filipenses 1:27).

¡Así es como se sobrevive y se prospera en una crisis!

¿Desesperado?

Recuerda que los marineros del barco de Pablo perdieron “toda esperanza” por olvidarse de que Dios lo tenía todo bajo control. Se habían olvidado de que Él tenía un plan y de que podía también inyectar esperanza en las situaciones imposibles.
Cuando la Biblia habla de “esperanza” no se refiere a la buena suerte o a la casualidad, sino a una fe enfocada en Dios. “Cobrad ánimo y armaos de valor, todos los que en el Señor esperáis” (Salmos 31:24).
“…El Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en Su gran amor; Él los libra de la muerte, y en épocas de hambre los mantiene con vida. Esperamos confiados en el Señor; Él es nuestro socorro y nuestro escudo. En Él se regocija nuestro corazón, porque confiamos en Su santo nombre” (Salmos 31:24).
“¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo, ¡salvación mía y Dios mío!” (Salmos 31:24).
“…Todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, , alentaos… perseveremos en mantener nuestra esperanza” (Romanos 15:4 ).

La palabra de hoy para ti es: 

"No desesperes, sino espera en Dios”.


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