NUESTRA SEGURIDAD

,"!Dios ten Misericordia de Colombia. .)

domingo, 24 de mayo de 2020

SIEMPRE A NUESTRO LADO


Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28:20B – Nva V I)

Jesús nos asegura su cercanía incondicional en toda circunstancia y coyuntura. Sin embargo, nos cuesta reconocerla. Las experiencias límites, la injusticia, el sufrimiento, la violencia, pueden velarnos su presencia. Por eso en tiempos como en los que vivimos, nuestra fe siempre está amenazada por desenfoques que terminan haciendo de ella algo lejano e inalcanzable que atenta contra lo más radical de la experiencia cristiana: Dios es amor y nos da vida por gracia y en abundancia.
Un desenfoque es atribuir a Dios, la intención de causar el mal. Muchas de las conversaciones que escuchamos estos días en torno a la crisis del covid 19 van en esta línea.
La imagen de Dios que hay detrás de este desenfoque nada tiene que ver con el Dios cristiano, que en Jesús se encarna como solidaridad amorosa hasta el extremo, asumiendo desde ahí las consecuencias de la dejación o de la responsabilidad humana.
Este Dios que nunca se impone al ser humano, que se expone a su libertad, a su acogida o a su rechazo, no puede ser el causante de tanto dolor y tristeza.
Como si Dios fuera un pedagogo cruel y sádico y no el Dios todo-misericordia, el Abba (Dios-papaito) de Jesús.
Por eso en medio de la incertidumbre y el sufrimiento que nos atraviesa, los tiempos que vivimos son una oportunidad para desnudar nuestra fe de desenfoques idolátricos.
El Dios de Jesús no es un Dios mágico, soluciona-problemas, ni tampoco castigador ni sádico.
No es un Dios que actúa saltándose las mediaciones humanas, sino un Dios compañero. Un Dios que se hace condición humana y desde lo hondo nos sostiene y nos ayuda a encarar preguntas para las que no tenemos respuestas.
Un Dios  que nos sostiene en todo y cuya experiencia amorosa de cuidado y sustento, en medio de la densidad de los acontecimientos, nos lleva a no querer ni poder apropiárnosla.
Un Dios que se queda mudo, pero no ausente ni estático, ante los cadáveres de las casas, calles y hospitales de las ciudades. O en el sufrimiento de los ancianos, de los niños, de las madres, de los empleados sanitarios o cuidadoras muertas no solo por el covid 19, sino por la irresponsabilidad y los intereses económicos que han desmantelado los sistemas públicos de salud en nuestros países.
No importa quién o qué desato esta pandemia, ya está aquí y debemos enfrentarla.
Un Dios que en Jesús nos recuerda que su decir es hacer, que, en ocasiones como éstas, predicar es actuar y lo que toca es ponerse codo a codo, con otros y otras, para acompañar duelos, silencios, preguntas aun sin respuestas.
Lo que toca no son discursos sino hacer posible la multiplicación de los panes y los peces en las colas del hambre en nuestros barrios, como tantas iniciativas vecinales, grupos de cuidados y comunidades cristianas están haciendo.
Si estamos atentos, entre ellos y ellas podemos reconocer hoy el Espíritu del DIOS VIVIENTE que nos urge a anunciarlo con la fuerza de las obras y el poder y la resiliencia de las iniciativas comunitarias.
Es hora de demostrar para que nos salvó JESUS, con poco o mucho pero  de acuerdo a lo que DIOS nos ha dado; ayudemos, compartamos  y demos de gracia lo que de gracia recibimos.
Es  momento de oportunidad, de ejemplo, de  compartir. Todos podemos aportar y como Hijos de Dios debemos  solidarizarnos y ayudar, ayudar, sin importar a quien.
El requisito es que lo necesiten y podamos brindar la ayuda, lo demás dejémoslo a Dios, con la certeza de que EL ESTARA CON NOSOTROS HASTA EL FIN.
Bendiciones.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.