El Espíritu Santo y la presencia de
Dios en su pueblo
Observando el rol del Espíritu en el
Antiguo y Nuevo Testamento
Introducción: Hoy en día se
habla mucho acerca del rol del Espíritu Santo, lo cual es algo que celebro. Sin
embargo, gran parte de lo que escucho sobre el tema me ha llevado a
hacerme la siguiente pregunta: ¿Qué es lo nuevo del Espíritu Santo en el
Nuevo Pacto? Me gustaría desarrollar la siguiente tesis en este artículo: La
presencia de Dios en el nuevo pacto es más que su presencia con su pueblo en el
antiguo pacto. Ahora, por la obra de Cristo, su presencia habita no solo con sino en su
pueblo por medio del Espíritu.
El Dios que mora
con su pueblo
Dios siempre se ha propuesto habitar
con su pueblo en el templo por medio del Espíritu. Jesucristo —quien es el
verdadero templo— ora cuando su obra es terminada para que el Padre envíe
al Espíritu. Dios contesta esa oración y ahora el pueblo de Dios es
el templo del Espíritu de Dios (Juan 14:16-17).
Lo primero que hay que reconocer es
lo difícil que es este tema.
Como podemos ver en la siguiente
tabla, la Biblia usa diferentes palabras para hablar sobre la presencia o
manifestación de Dios:
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Antiguo Testamento
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Llenar: Éxodo 31:3
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Ser o
vivir, “venir”: Números 24:2; 1 Samuel 19:20
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“Venir con
gran poder”: 1 Samuel 10:10
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Vestir,
“vino sobre”: 2 Crónicas 24:20
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Poner: Isaías 42:1 (el Siervo)
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Derramar: Isaías 44:3 (Al pueblo de Dios)
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Poner
dentro: Ezequiel 36:27; 37:14
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Nuevo Testamento
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Recibir: Juan 20:22
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Dar: Hechos 5:32
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Derramar: Hechos 10:45
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Bautizar: Lucas 3:16
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Caer
sobre: Hechos 10:44; 11:15
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Venir
sobre: Hechos 1:8
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Llenar: Hechos 13:52
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Ver cómo Dios habita en su pueblo no
es una tarea fácil, pero sí es posible.
Debemos entrar en el estudio con
una perspectiva escatológica sobre las promesas dadas en el Antiguo Testamento
y su cumplimiento en la persona de Cristo.
Usualmente la pregunta que surge en
este tema es, Si los santos del Antiguo Pacto no disfrutaban de la
presencia de Dios en ellos sino solo con ellos, ¿cómo eran
salvos?
Misma regeneración
por medio de los pactos
¿Qué es la regeneración? Jim Hamilton
(Pastor Bautista y profesor del seminario teológico del sur de EE.UU.) dice:
“La regeneración es la obra de
Dios de otorgar a seres humanos la habilidad para escuchar, entender, creer,
obedecer, entrar en su reino”.
Así, la regeneración es la obra de
Dios, por medio del Espíritu Santo, para darle un nuevo corazón a su pueblo. En
el Antiguo Pacto y el Nuevo vemos que Dios obró la misma
regeneración. Vemos esta promesa en lugares como Deuteronomio 30:6; Jeremías 24:7, 29:10-14, 31:31-34, 32:36-41; y Ezequiel 36:26-27.
La promesa de la circuncisión del
corazón es algo que disfrutamos en un espectro más amplio en el Nuevo Pacto.
En el Antiguo Pacto Dios le dio al
remanente un corazón para amarlo y amar su Palabra.
En el Antiguo Pacto vemos las
promesas de la circuncisión aplicadas solo en el remanente, pero en el
Nuevo Pacto son aplicadas a todo miembro de la Iglesia de
Cristo.
La circuncisión del corazón es lo que
permite a una persona amar y atesorar a Dios sobre todas las cosas, a
ejercer fe en lo que Dios ha hecho a nuestro favor en su Hijo; todo esto es
aplicado a nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.
Esta transformación ocurre en un
instante, y continúa con la obra de santificación por medio de la gracia y
la fe en Dios (Hechos 7:51; Romanos 2:22-29; Efesios 1:13; Colosenses 2:11).
También vemos la obra del
Espíritu Santo en la regeneración en Juan 3:5-8; y Tito 3:3-7.
Debido a esto, podemos concluir que
la regeneración es la misma por medio de los pactos: En el Antiguo Pacto, vemos
al remanente ser salvo por el Espíritu Santo, mientras ellos ponen su fe
en la obra venidera de Dios por medio de su Hijo (Hebreos 11). Sin
embargo, a continuación veremos que, a pesar de que la presencia de Dios
es la misma —porque Él no cambia—, el lugar en el que su presencia
habita ha cambiado.
Diferente morada
por medio de los pactos
En el Antiguo Testamento vemos que
existe una morada temporal de Dios en el templo físico (Éxodo 40:34; 2 Crónicas 7:1-2). También vemos cómo la
presencia de Dios deja el templo por causa del pecado del pueblo (Ezequiel
8-11).
¿Cómo puede ser que el Espíritu Santo
no habita en los santos del Antiguo Pacto? Hamilton me ha ayudado mucho a
entender la gran verdad de la residencia del Espíritu en la Iglesia. Él
dice, “En el Antiguo Pacto, Dios permaneció fiel a su pueblo, acompañándolos en
una columna de fuego y de nube, y después habitando en medio de ellos en el
tabernáculo y en el templo. En el Nuevo Pacto, el único templo es
la comunidad de creyentes, y Dios habita no solo en la comunidad corporativa,
sino también en cada miembro individual”.
Hamilton explica la venida del
Espíritu sobre o con algunos líderes políticos, “empoderaba al juez para un
trabajo en particular, marcándolo como alguien distinto”. Así que el Espíritu
daba discernimiento a líderes políticos para guiar al pueblo de Dios.
La presencia
permanente de Dios en su Pueblo
Cuando leemos la promesa de la
circuncisión en Ezequiel 36:25-26, inmediatamente nos damos
cuenta que Dios promete su presencia en su pueblo, “Pondré dentro de ustedes mi
espíritu y haré que anden en mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente mis
ordenanzas” (v. 27).
Esta promesa de la
residencia del Espíritu en el pueblo de Dios está conectada a la promesa
del Nuevo Pacto que Cristo compraría con su sacrificio en la cruz.
Por ejemplo, vemos en Isaías 11:2; 42:1; 61:1; Lucas 4:18-19; y Juan 1:14 que Jesús estaba
lleno del Espíritu de Dios. De esta manera cumple la profecías
que el Mesías estaría lleno de la presencia de Dios por medio del Espíritu
Santo, siendo el nuevo templo.
La conexión entre la gloria de Dios
llenando el templo y la gloria de Dios mostrada en el Hijo nos
muestra que Jesús es el verdadero templo, en donde la presencia de Dios habita
continuamente. Pero ¿cómo se conecta la morada de la presencia de Dios en
Cristo por medio de su Espíritu con su Iglesia?
En Juan 2:19-22; 7:39; 14:15-17; y 16:17 vemos con más claridad lo nuevo del
Espíritu Santo en el Nuevo Pacto. En Juan 14:17 nos damos cuenta que el Espíritu
no solo estaría presente de la misma manera que en el Antiguo Pacto (“con” el
pueblo de Dios), sino también de una manera completamente nueva: El
Espíritu “en” o “dentro” de cada persona de forma individual.
El creyente como el templo
de Dios tiene poder para ser testigo del evangelio glorioso de Dios en
Cristo y por medio del Espíritu (Joel 2:28-32; Hechos 2:17-24; 1 Corintios 2:12; 6:19-20).
El creyente es el templo del Espíritu
de Dios y como el templo anticipamos la nueva creación, la cual
tomará forma de un templo, (Apocalipsis 21-22).
El templo del
Espíritu
Desde el Antiguo Pacto, el deseo de
Dios de estar con su pueblo permanece. Sin embargo, la promesa de que Dios
habitaría en su pueblo es una bendición que los creyentes en
el Antiguo Pacto no disfrutaban. Los creyentes del Nuevo Pacto vivimos y
disfrutamos esta bendición de la presencia de Dios en nosotros,
ya que Cristo es el templo y nos ha unido a Él.
BENDICIONES

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