La Verdadera Navidad
Llega a aquel que ha aceptado a Cristo en su vida.
En su breve epístola a los gálatas, Pablo muestra su gran preocupación
por la evidente incredulidad de ellos y porque habían abandonado las enseñanzas
sobre Cristo que él les había impartido. Escribió: “Bueno es tener celo por el
bien siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros. Hijitos míos,
por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en
vosotros” (Gálatas 4:18–19). En otras palabras, Pablo manifestó que
sentiría dolor y ansiedad hasta que Cristo fuese “formado” en ellos, que es
otra manera de decir, “estar en Cristo”, expresión que Pablo emplea
habitualmente en sus escritos.
Es posible que Cristo nazca en la vida de los hombres, y cuando esa
experiencia tiene lugar, se dice que tal hombre es “en Cristo”, es decir, que
Cristo se ha “formado” en él.
Ello presupone que aceptemos a Cristo en nuestro corazón y que hagamos
de Él nuestro compañero constante en la vida.
Cristo no es solo una verdad general ni un hecho histórico, sino que es
el Salvador de los hombres en todo lugar y en todo momento.
Al esforzarnos por ser como Cristo, Él “se forma” en nosotros; si
abrimos la puerta, Él entrará; si buscamos Su consejo, Él nos aconsejará.
Para que Cristo sea “formado” en nosotros, debemos creer en Él y en Su
sacrificio de expiación.
Esa creencia en Cristo y el guardar Sus mandamientos no nos reprimen,
más bien, mediante ellos, los hombres son liberados.
El Príncipe de Paz aguarda para darnos paz, con lo cual podemos convertirnos
en conductos y multiplicadores de esa paz.La cual llena nuestra vida y sobrepasa todo entendimiento.
La verdadera Navidad llega a aquel que ha aceptado a Cristo en su vida
como una fuerza impulsora, dinámica y revitalizadora.
Al
reflexionar sobre la Navidad, alguien escribió lo siguiente:
- · La Navidad no es un día ni una estación, sino una condición del corazón y de la mente.
- · Si amamos al prójimo como a nosotros mismos;
- · Si en nuestra riqueza somos pobres en espíritu y en nuestra pobreza somos ricos en misericordia;
- · Si nuestra caridad no se gloría en sí misma sino que es sufrida y benigna;
- · Si cuando nuestro hermano nos pide un pan, nos entregamos a nosotros mismos.
- · Si cada día nace repleto de oportunidades y muere habiendo logrado algo, sin importar cuán pequeño sea; entonces cada día es de Cristo y la Navidad siempre está cerca.
Si desean buscar el verdadero sentido de la Navidad y participar de su
dulzura, permítanme hacerles la siguiente sugerencia: Durante el ajetreo de los
festejos de esta Navidad, aparten un tiempo para volver su corazón a Dios. Tal vez en las horas de quietud, en un lugar tranquilo y arrodillados, a
solas o acompañados de sus seres queridos, den gracias por todo lo bueno que
hayan recibido y pidan que Su Espíritu more en ustedes a medida que se
esfuerzan seriamente por servirle y guardar Sus mandamientos. Él los tomará de la mano y cumplirá Sus promesas.
BENDICIONES.


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