¡UNA
PROMESA DE AÑO NUEVO – Y UNA ADVERTENCIA!
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Durante su ministerio temprano en Londres, C. H. Spurgeon al final de
cada año recibía un sobre con un papel adentro. En dicho papel había un verso
de la Escritura que usaría como el texto de su sermón de Año Nuevo. Estos
textos eran escogidos para Spurgeon, el joven, exitoso predicador Bautista, por
un ministro anciano en la Iglesia de Inglaterra. Este anciano ministro
Anglicano pastoreaba una pequeña iglesia de villa, pero Spurgeon lo admiraba
mucho, y por varios años seguidos el gran predicador Bautista dio su sermón de
Año Nuevo del verso que el venerable ministro de otra denominación había
escogido en oración para él, en el Año Nuevo. Él no decía el nombre del
ministro, pero Spurgeon siempre mencionaba que este anciano sacerdote Anglicano
había seleccionado el texto del cual predicaría ese Año Nuevo.
Quiero en este fin e inicio de año compartir una parte del mensaje.
Quiero en este fin e inicio de año compartir una parte del mensaje.
El 3 de Enero de
1864, Spurgeon predicó una vez más sobre un verso que le fue dado por aquel
anciano ministro. El texto dado para el Año Nuevo en 1864 fue:
“Si sufrimos, también reinaremos con él;
Si le negáremos, él también nos negará” (II Timoteo 2:12).
El texto naturalmente se divide en dos partes: sufriendo con Jesús, y su
recompensa – negando a Jesús, y su penalidad.
Primero, sufriendo con
Jesús, y su recompensa.
El sufrimiento es el estado común de toda la gente. No es posible
escaparse de ello. Llegamos al mundo sufriendo al nacer, y nos vamos del mundo
sufriendo al morir. Como lo puso Job, “El
hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sin sabores” (Job
14:1).
Nadie se puede escapar de los dolores
y pruebas de la vida. De nuevo, leemos en el libro de Job, “Como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre
nace para la aflicción” (Job 5:7).
Ya que el sufrimiento es el destino
común de toda la gente en un mundo
arruinado por el pecado, no significa necesariamente que serás recompensado por
ello. Tal vez pases por gran dolor en esta vida, pero eso no te salvará de la
ira venidera. Tal vez pases gran sufrimiento y aun estés perdido, porque: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el
reino de Dios” (Juan 3:3).
Así que ninguna cantidad de
sufrimiento en la tierra podrá ayudar a la persona inconversa a entrar al
Cielo.
El sufrimiento no es algo que
solamente los cristianos experimentan. Tampoco quiere decir que el sufrimiento
traiga recompensa.
El texto muestra claramente que
debemos sufrir con Él para reinar con Él. El
sufrimiento que resulta en reinar con Jesús, tiene que ser sufrimiento con el
Señor Jesucristo.
No debes pensar que estás sufriendo
con Cristo si no estás “en” Cristo. Si no has venido a Cristo, tus sufrimientos
en la tierra son solamente una muestra del sufrimiento eterno que
experimentarás en el Infierno. Solamente cuando un hombre está “en” el Salvador
por la conversión puede decir que su sufrimiento es en compañerismo con Cristo.
¿Estás en Cristo por una fe viviente en Él? ¿Estás confiando en Cristo
solamente? Si no, cualquier problema o miseria que pases en la tierra, no
tienes esperanza de reinar con Jesús en Su reino.
De nuevo, no debemos pensar que
estamos sufriendo con Cristo si nos vienen problemas como resultado del pecado.
Cuando Miriam habló mal de Moisés, y la lepra cubrió su cuerpo, ella no estaba
sufriendo por Dios.
Cuando Usías entró ilegalmente al templo, y se
hizo leproso por el resto de su vida, no pudo decir que estaba sufriendo por
causa de la justicia. Si deliberadamente pones tu mano en el fuego, y se quema,
es la naturaleza del fuego quemarte. ¡Pero no seas necio jactándose de ser
mártir! Si haces lo malo y sufres por ello, ¿qué recompensa tendrás? La
veracidad y la honestidad deben detenernos de decir que estamos sufriendo por
ser cristianos, cuando en realidad sufrimos como resultado del pecado.
Debemos tener el espíritu de Cristo
en nosotros o nuestro sufrimiento no es aceptable. Debemos seguir el ejemplo de
Cristo y sufrir el reproche por la causa de Cristo. Solamente entonces hemos
verdaderamente sufrido con Cristo.
Ahora pensemos en algunas de las
maneras en que los buenos cristianos sufren con Jesús hoy. Están aquellos que
sufren financiera mente, por amor y obediencia a Cristo. Hemos conocido estudiantes en la escuela
secundaria y en la universidad cuyas calificaciones fueron reducidas por
maestros que los despreciaban por su fe en Cristo.
¡Ese es el sufrimiento
mencionado en nuestro texto!
“Si sufrimos, también reinaremos con
él” (II Timoteo 2:12).
Más a menudo, este sufrimiento toma
la forma de desdén, desprecio y burla. Algunos ven que otras personas en sus
empleos los desprecian, murmuran diciendo que son idiotas, necios engañados,
porque creen en el Hijo de Dios. Hay un aguijón doloroso en particular, que
causa sufrimiento a buenos cristianos jóvenes, cuando amigos en la escuela los
evitan, y muerden tras las espaldas, diciendo que son “raros” porque se paran
por Jesucristo.
Aun en la casa, los verdaderos cristianos
no pueden escaparse de las palabras de padres que son católicos, o miembros de
otras religiones no Cristianas. Sus propios hermanos y hermanas los pueden
llamar necios porque aman al Salvador. Esto también es
el sufrimiento mencionado en nuestro texto,
“Si sufrimos, también reinaremos con
él” (II Timoteo 2:12).
En tiempos como estos, tan llenos de
prejuicio y odio hacia Jesús y Sus verdaderos seguidores, es cosa sabia
recordar las palabras del Salvador, “Los
enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a
mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de
mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mateo
10:36-38).
¿Por qué los incrédulos odian tanto a
los cristianos? Jesús dio la respuesta cuando dijo, “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del
mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan
15:19).
En estos días falsos y malvados de
“decisionismo,” en muchas maneras parecido a las “Edades Negras” de la
Cristiandad, los fieles deben padecer amargos ataques por ser fieles DIOS y aplicar la Biblia clara y honestamente.
Un terrible “si” sin embargo un “si”
que se puede aplicar a algunos de Nosotros. Señor, “¿Seré yo?” podrá decir,
sentado aquí esta mañana, tal como Judas en la Ultima Cena, cuando el que
traicionaría a Cristo hizo esa pregunta. Y si como Pedro dices: “Aunque me sea
necesario morir contigo, no te negaré” – tú quizá serás el más presto
a hacerlo.
Algunos niegan a Cristo amargamente.
Como incrédulos lo pueden mofar abiertamente. Otros lo niegan al unirse a
iglesias falsas, a religiones que niegan Su deidad completa de Dios-hombre, y
otras que lo niegan al decir que Él es un espíritu, no un hombre resucitado de
carne y hueso, ascendido a la diestra de Dios.
Otros lo niegan por quedarse
callados. Cuando están con los incrédulos tienen temor de dar gracias a Dios por
la comida antes de comer, por temor de que no les agrade a sus familiares y
amistades incrédulas.
¿Describe esto a algunos de ustedes?
Si es así, no te enojes conmigo, sino que escucha la palabra del Señor. Sabe
esto – que no perecerás, aun si has negado a Cristo, si vienes ahora al
Salvador y eres verdaderamente convertido, corazón y alma. Pero si continúas
negando a Cristo, ese terrible verso vendrá a perseguirte, “Él también nos
negará” (II Timoteo 2:12).
Perdamos cualquier cosa en vez de
perder a Cristo.
Es mejor que perdamos cualquier otra cosa que perder nuestras
almas.
Digamos con el Apóstol Pablo, “Pero
cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de
Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he
perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses
3:7-8).
¡Que ese sea
nuestro tema! ¡Que esa sea nuestra meta! ¡Que sea eso sea
lo que busquemos el año que viene! Porque:
“Si
sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará”
(II Timoteo 2:12).
Un día, algunos estarán de pie
ante el Gran Trono Blanco. Cristo os dirá: “No os conozco.” Fuiste tentado por
amigos a quedarte como estabas, en una condición inconversa.
Negaste a Cristo por temor de lo que
te costaría, o lo que sufrirías.
Implorarás al Señor que te deje entrar al
Cielo en ese día. Pero el Señor te dirá, “Nunca
os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23). “E irán
estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46).
Si esperas evitar el terrible
calabozo del Infierno que quema con fuego y azufre, te ruego que clames a
Jesús, “Señor, sálvame. ¡Señor, acógeme, guárdame, guárdame, guárdame! Ayúdame
a sufrir contigo, pero no dejes que te niegue, para que no me niegues en aquel
terrible día del juicio.”
Que ese sea el clamor de tu corazón a Jesús esta
mañana.
Ven a Él y se lavado, limpiado por Su
preciosa Sangre, derramada en la Cruz para limpiarte de pecado.
¡Que vengas a Cristo esta mañana, el
último día de este año.
¡Que comiences el año nuevo salvo por
Él, convertido, eternamente seguro en Su gracia salvadora!
Amen.

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