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lunes, 31 de diciembre de 2018


¡UNA PROMESA DE AÑO NUEVO – Y UNA ADVERTENCIA!

Durante su ministerio temprano en Londres, C. H. Spurgeon al final de cada año recibía un sobre con un papel adentro. En dicho papel había un verso de la Escritura que usaría como el texto de su sermón de Año Nuevo. Estos textos eran escogidos para Spurgeon, el joven, exitoso predicador Bautista, por un ministro anciano en la Iglesia de Inglaterra. Este anciano ministro Anglicano pastoreaba una pequeña iglesia de villa, pero Spurgeon lo admiraba mucho, y por varios años seguidos el gran predicador Bautista dio su sermón de Año Nuevo del verso que el venerable ministro de otra denominación había escogido en oración para él, en el Año Nuevo. Él no decía el nombre del ministro, pero Spurgeon siempre mencionaba que este anciano sacerdote Anglicano había seleccionado el texto del cual predicaría ese Año Nuevo.
Quiero en este  fin e inicio de año compartir una  parte del mensaje.
El 3 de Enero de 1864, Spurgeon predicó una vez más sobre un verso que le fue dado por aquel anciano ministro. El texto dado para el Año Nuevo en 1864 fue:
Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará” (II Timoteo 2:12).
El texto naturalmente se divide en dos partes: sufriendo con Jesús, y su recompensa – negando a Jesús, y su penalidad.
Primero, sufriendo con Jesús, y su recompensa.
El sufrimiento es el estado común de toda la gente. No es posible escaparse de ello. Llegamos al mundo sufriendo al nacer, y nos vamos del mundo sufriendo al morir. Como lo puso Job, “El hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sin sabores” (Job 14:1).
Nadie se puede escapar de los dolores y pruebas de la vida. De nuevo, leemos en el libro de Job, “Como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:7).
Ya que el sufrimiento es el destino común de toda la gente en  un mundo arruinado por el pecado, no significa necesariamente que serás recompensado por ello. Tal vez pases por gran dolor en esta vida, pero eso no te salvará de la ira venidera. Tal vez pases gran sufrimiento y aun estés perdido, porque: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).
Así que ninguna cantidad de sufrimiento en la tierra podrá ayudar a la persona inconversa a entrar al Cielo.
El sufrimiento no es algo que solamente los cristianos experimentan. Tampoco quiere decir que el sufrimiento traiga recompensa.
El texto muestra claramente que debemos sufrir con Él para reinar con Él. El sufrimiento que resulta en reinar con Jesús, tiene que ser sufrimiento con el Señor Jesucristo.
No debes pensar que estás sufriendo con Cristo si no estás “en” Cristo. Si no has venido a Cristo, tus sufrimientos en la tierra son solamente una muestra del sufrimiento eterno que experimentarás en el Infierno. Solamente cuando un hombre está “en” el Salvador por la conversión puede decir que su sufrimiento es en compañerismo con Cristo. ¿Estás en Cristo por una fe viviente en Él? ¿Estás confiando en Cristo solamente? Si no, cualquier problema o miseria que pases en la tierra, no tienes esperanza de reinar con Jesús en Su reino.
De nuevo, no debemos pensar que estamos sufriendo con Cristo si nos vienen problemas como resultado del pecado. Cuando Miriam habló mal de Moisés, y la lepra cubrió su cuerpo, ella no estaba sufriendo por Dios.
 Cuando Usías entró ilegalmente al templo, y se hizo leproso por el resto de su vida, no pudo decir que estaba sufriendo por causa de la justicia. Si deliberadamente pones tu mano en el fuego, y se quema, es la naturaleza del fuego quemarte. ¡Pero no seas necio jactándose de ser mártir! Si haces lo malo y sufres por ello, ¿qué recompensa tendrás? La veracidad y la honestidad deben detenernos de decir que estamos sufriendo por ser cristianos, cuando en realidad sufrimos como resultado del pecado.
Debemos tener el espíritu de Cristo en nosotros o nuestro sufrimiento no es aceptable. Debemos seguir el ejemplo de Cristo y sufrir el reproche por la causa de Cristo. Solamente entonces hemos verdaderamente sufrido con Cristo.
Ahora pensemos en algunas de las maneras en que los buenos cristianos sufren con Jesús hoy. Están aquellos que sufren financiera mente, por amor y obediencia a Cristo.  Hemos conocido estudiantes en la escuela secundaria y en la universidad cuyas calificaciones fueron reducidas por maestros que los despreciaban por su fe en Cristo.
¡Ese es el sufrimiento mencionado en nuestro texto!
“Si sufrimos, también reinaremos con él” (II Timoteo 2:12).
Más a menudo, este sufrimiento toma la forma de desdén, desprecio y burla. Algunos ven que otras personas en sus empleos los desprecian, murmuran diciendo que son idiotas, necios engañados, porque creen en el Hijo de Dios. Hay un aguijón doloroso en particular, que causa sufrimiento a buenos cristianos jóvenes, cuando amigos en la escuela los evitan, y muerden tras las espaldas, diciendo que son “raros” porque se paran por Jesucristo.
Aun en la casa, los verdaderos cristianos no pueden escaparse de las palabras de padres que son católicos, o miembros de otras religiones no Cristianas. Sus propios hermanos y hermanas los pueden llamar necios porque aman al Salvador. Esto también es el sufrimiento mencionado en nuestro texto,
“Si sufrimos, también reinaremos con él” (II Timoteo 2:12).
En tiempos como estos, tan llenos de prejuicio y odio hacia Jesús y Sus verdaderos seguidores, es cosa sabia recordar las palabras del Salvador, “Los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mateo 10:36-38).
¿Por qué los incrédulos odian tanto a los cristianos? Jesús dio la respuesta cuando dijo, “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19).
En estos días falsos y malvados de “decisionismo,” en muchas maneras parecido a las “Edades Negras” de la Cristiandad, los fieles deben padecer amargos ataques por ser fieles DIOS  y aplicar la Biblia clara y honestamente.
Un terrible “si” sin embargo un “si” que se puede aplicar a algunos de Nosotros. Señor, “¿Seré yo?” podrá decir, sentado aquí esta mañana, tal como Judas en la Ultima Cena, cuando el que traicionaría a Cristo hizo esa pregunta. Y si como Pedro dices: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” – tú quizá serás el más presto a hacerlo.
Algunos niegan a Cristo amargamente. Como incrédulos lo pueden mofar abiertamente. Otros lo niegan al unirse a iglesias falsas, a religiones que niegan Su deidad completa de Dios-hombre, y otras que lo niegan al decir que Él es un espíritu, no un hombre resucitado de carne y hueso, ascendido a la diestra de Dios.
Otros lo niegan por quedarse callados. Cuando están con los incrédulos tienen temor de dar gracias a Dios por la comida antes de comer, por temor de que no les agrade a sus familiares y amistades incrédulas.
¿Describe esto a algunos de ustedes? Si es así, no te enojes conmigo, sino que escucha la palabra del Señor. Sabe esto – que no perecerás, aun si has negado a Cristo, si vienes ahora al Salvador y eres verdaderamente convertido, corazón y alma. Pero si continúas negando a Cristo, ese terrible verso vendrá a perseguirte, “Él también nos negará” (II Timoteo 2:12).
Perdamos cualquier cosa en vez de perder a Cristo. 
Es mejor que perdamos cualquier otra cosa que perder nuestras almas. 
Digamos  con el Apóstol Pablo, “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7-8).
¡Que ese sea nuestro tema! ¡Que esa sea nuestra meta! ¡Que sea eso sea lo que busquemos el año que viene! Porque:
Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará(II Timoteo 2:12).
Un día, algunos  estarán de pie ante el Gran Trono Blanco. Cristo os dirá: “No os conozco.” Fuiste tentado por amigos a quedarte como estabas, en una condición inconversa.
Negaste a Cristo por temor de lo que te costaría, o lo que sufrirías. 
Implorarás al Señor que te deje entrar al Cielo en ese día. Pero el Señor te dirá, “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).  E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46).
Si esperas evitar el terrible calabozo del Infierno que quema con fuego y azufre, te ruego que clames a Jesús, “Señor, sálvame. ¡Señor, acógeme, guárdame, guárdame, guárdame! Ayúdame a sufrir contigo, pero no dejes que te niegue, para que no me niegues en aquel terrible día del juicio.” 
Que ese sea el clamor de tu corazón a Jesús esta mañana.
Ven a Él y se lavado, limpiado por Su preciosa Sangre, derramada en la Cruz para limpiarte de pecado.
¡Que vengas a Cristo esta mañana, el último día de este año.
¡Que comiences el año nuevo salvo por Él, convertido, eternamente seguro en Su gracia salvadora!
Amen.


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