"Por
esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar,
tardo para airarse" (Santiago 1:19-20)
En la vida cristiana hay muchas situaciones que llevan al creyente a encrucijadas
de difícil resolución, sin embargo la
Palabra De DIOS da pautas para salir de ellas en victoria. Quiero compartir un
breve análisis a tres situaciones en la que el apóstol Santiago da pautas para lograr avanzar, es claro que la
forma de comenzar el párrafo, diciendo Por
esto, mis amados hermanos, indica que son enseñanzas prácticas para
todos los hijos de Dios.
Y continuó diciendo todo hombre sea pronto para oír.
¿Para oír qué?
Por supuesto, para oír la Palabra de Dios. Después
que usted ha sido engendrado por la Palabra de Dios, (habiendo comenzado una
nueva vida), usted no ha terminado, sino, más bien, comenzado una relación con
Dios. Y entonces, tiene que crecer espiritualmente por Su Palabra. Entonces
usted ahora tiene algo que es vivo, poderoso y más agudo que una espada de
doble filo, como dijo el escritos a los Hebreos en su capítulo 4, versículo 12.
Por otra parte, el apóstol Pablo escribió en su primera carta a los Corintios,
capítulo 2, versículo 14: 14 Pero el
hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para
él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir
espiritualmente. Sin embargo, como hijo de Dios, usted está habitado por el
Espíritu de Dios, es decir, tiene Su presencia en usted mismo, y Él quiere enseñarle
la Palabra de Dios. Es extraordinario pensar en que el Creador de este universo
y el Redentor de los pecadores perdidos, quiere hablar con nosotros.
Por ello el
apóstol Santiago dijo en primer lugar, al iniciar esta sección tan práctica,
todo hombre sea pronto para oír, es decir, que permanezca alerta, que esté
atento, dispuesto a escuchar lo que Dios tiene que decirle.
El versículo 19 continúa diciendo: tardo para hablar.
Dios nos dio dos oídos y una boca, y debe haber una
razón muy determinada para ello. Existe el peligro real de que hablemos
demasiado. Hay quienes alegan que en el momento en que una persona es salva,
debería comenzar a dar testimonio de su fe. Por nuestra parte, no lo vemos
conveniente. No creemos que un cristiano recién nacido espiritualmente esté en
condiciones de testificar de una manera activa y pública.
Algunos son
presionados a hacerlo debido a sus antecedentes, aunque sea al día siguiente de
su conversión, dependiendo si se trata de una persona importante en cualquier
área de la sociedad, ya sea en el ámbito comercial, en el mundo del
espectáculo, en el de los deportes, en el de la política o en el del arte.
Es
lógico que tengamos interés en escuchar la obra transformadora que Dios ha
hecho en la vida de una persona, pero muchas veces, tales personas no han
tenido tiempo para asimilar la experiencia de la conversión en una forma en que
puedan transmitirla, especialmente a los no cristianos. Simplemente, no han
tenido tiempo de reforzar su conocimiento de la Biblia o profundizar en el
contenido de su fe. Como resultado, lo que dijeran podría ser mal interpretado,
podrían incluso ofender o molestar a aquellos que no han pasado por esa
experiencia personal que es, al mismo tiempo, una experiencia íntima con Dios.
Por todo ello, Dios dijo aquí a través del apóstol Santiago, que debemos ser
prontos para oír, y tardos (o lentos) para hablar.
Comprendemos que alguien pregunte: "¿Pero, no
se supone que debemos dar un testimonio público de nuestra fe?". Por
supuesto que sí pero, especialmente cuando lo hacemos en público, debemos ser
cuidadosos y prudentes en cómo lo hacemos y, lo que también es importante, que
podamos respaldar lo que decimos, en primer lugar, con nuestra propia forma de
vivir. Se cuenta una experiencia que Sócrates, el filósofo y maestro, tuvo con
un joven que le trajeron para que entrase en su escuela. Cuando se lo
presentaron a Sócrates, antes de que éste pudiera siquiera pronunciar una
palabra, el joven comenzó a hablar y continuó por unos diez minutos.
Finalmente, cuando el joven terminó de hablar, Sócrates le dijo: "Yo lo
aceptaré como estudiante, pero le voy a tener que cobrar el doble". Y el
joven le respondió: "¿Por qué me va a cobrar el doble?" Entonces
Sócrates le respondió: "Bueno, en primer lugar, voy a tener que enseñarle
a controlar su lengua y después, tendré que enseñarle a usarla".
Recordemos entonces este consejo tan sabio del apóstol Santiago, de que seamos
Prontos para oír, tardos (o lentos) para hablar. Los creyentes tendrían que ser
muy cuidadosos para no revelar su ignorancia de la Palabra de Dios.
Escuchémosle a Él.
Quizás aún alguien diga que el Salmo 107 dice,
hablando del Señor: Alabad al Señor, porque él es bueno, porque para siempre es
su misericordia. Díganlo los redimidos del Señor. Sí, es cierto, siempre y
cuando tengamos prudencia, delicadeza y seamos cuidadosos con lo que expresamos
en público.
El versículo 19 continúa diciendo, de parte de
Dios, que seamos tardos o lentos para la ira. Lamentablemente, muchos discuten
acerca de la religión y pierden el control de su carácter, es decir, que
pierden los estribos. Es bueno tener convicciones firmes sobre la Palabra de
Dios y sobre la fe cristiana, pero uno no debe comenzar a luchar contra todos
aquellos que están en desacuerdo con uno. Después de todo, estimado hermano,
usted no tiene tampoco toda la verdad.
Además, La Escritura nos dice que debemos ser
tardos para airarnos.
Y nunca
deberíamos olvidar el consejo que el apóstol Pablo les dirigió a los Efesios en
su carta, capítulo 4, versículo 15, donde exhortó a sus lectores a seguir la
verdad en amor.
Estas palabras constituyeron una regla de oro para
dar testimonio de nuestra fe y para exponer la verdad del Evangelio a aquellos
que no están de acuerdo con nosotros.
Hay muchos creyentes que no se comportan de manera
digna de su profesión, con temperamentos incontrolables que dañan su testimonio
tanto como cualquier otro factor negativo de su vida podría hacerlo. el
versículo 20, de este primer capítulo de la epístola de Santiago, dice:
"Porque la ira del hombre no obra la justicia
de Dios."
La ira del hombre es contraria a la voluntad y obra
de Dios. Este es el motivo por el cual no deberíamos discutir sobre religión.
Nunca hemos encontrado a personas que estén de acuerdo con nosotros en un 100
por ciento o con quienes estemos de acuerdo en el mismo porcentaje. Pero esa no
es ninguna razón por la cual nosotros debamos enfadarnos con tales personas o
evitar el trato con ellas. Uno podría decir que la única persona con la cual
está de acuerdo al cien por ciento, es con uno mismo.
Santiago dijo Porque la ira del hombre no obra la
justicia de Dios. Quizá usted se sienta enfadado porque se considera un
defensor de la fe, y algo por el estilo; pero la ira humana sencillamente no
produce la vida justa que Dios quiere.
No se engañe a sí mismo pensando que usted se enfada por amor a Dios,
porque Él no se enfada así. Él está activamente implicado en salvar a las
personas.Bendiciones


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