EL Cristianismo,
no ES fanatismo
Introducción: Que es el fanatismo, dice el diccionario que es el apasionamiento o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida, irracional y tenaz de, una idea,
teoría, cultura, estilo de vida, entre otros.
El fanático es una
persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones, también
es aquel que se entusiasma
o preocupa ciegamente por algo o alguien.
El fanatismo
religioso es uno de los tipos de fanatismo que
más controversia ha generado en el transcurso de la historia; en cuanto bajo su
influencia esta se han llevado a cabo conflictos
bélicos, genocidios, asesinatos y actos
terroristas.
Durante siglos, miles de hombres fanáticos se han visto
influenciados bajo las grandes religiones para así llevar actos que van en
contra de la propia religión lo cual deja a ver que el individuo está actuando
no bajo fe, sino por pura obsesión.
Lo que resulta
incorrecto es lo desmedido de las acciones y la ceguera de sus razonamientos,
pues estas son lo que llevan a estas personas a agredir directa o
indirectamente a quienes no piensan como ellos, ni aceptan otras perspectivas
frente a una situación discutible.
Los cristianos
podemos aportar todo lo espiritual que contiene nuestra fe, basados y centrados
en Jesucristo y su Palabra como un libro que apuntala y afirma los valores,
demandando integridad, sensibilidad y entrega para el débil y el que sufre,
promoviendo la superación y educación, pero combatiendo el fanatismo, ya que
para nosotros la Biblia no es un libro de mandamientos con la intención de
complicarnos la vida.
Leamos la
Palabra de Dios en Zacarías 7:9-12 “Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la
verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a
la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su
corazón contra su hermano. Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la
espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante,
para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su
Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de
parte de Jehová de los ejércitos”.
Hay que entender
que existe una gran diferencia entre vivir una vida cristiana llena de
mandamientos, y vivir una vida llena de los valores que esos mandamientos
apuntalan, de manera que los mandamientos sirven a los valores y no los valores
a los mandamientos.
En el verdadero
cristianismo, los mandamientos bíblicos tienen el propósito de conducirnos a
vivir con valores para trasmitir a quienes no tienen la luz de Cristo, y no a
estancarnos en una vida llena de mandamientos y leyes que el hombre remarca y que
nos hacen apartar de los necesitados en vez de acercarnos más a ellos.
La persona
religiosa sacrifica los valores en su vida y vive una vida llena de
mandamientos, pero sin dejarse gobernar por valores, sin expresar en la
práctica el cristianismo que dice profesar, y que es lo que el Señor nos pide.
Mientras que el
cristiano verdadero, sabe que los mandamientos lo llevan a cubrirse de valores
en lo cotidiano, entendiendo cómo examinar las historias bíblicas para rescatar
la verdadera lección que nos ha dejado el Señor, dejándose conducir a fin de
reproducir los valores que Dios trata de exaltar a través de dichas historias.
El fanatismo
religioso se manifiesta como una exaltación desmedida a una idea, o a
convicciones consideradas como absolutas y que hay que imponerlas a los demás
por cualquier medio, lo que los lleva a volverse terco, intolerante y agresivo,
rígido e incapaz de diálogo, con una visión distorsionada de la realidad
bíblica, teniendo la idea de que todo el que no comparte sus ideas esta contra
él, por lo que el fanático siempre busca excusas para atacar a los que no
piensen como él.
Cuando alguien
lleva una vida de religiosidad y fanatismo sin entender el verdadero
cristianismo, al final, este fanatismo y religiosidad lo llevan a mantener una
vida que en vez de ser atractiva para la gente que no conoce a Cristo, les
resulta tan chocante que prefieren alejarse de ella, y es porque presentan a un
Jesús que demanda entrega en pago de su sacrificio en la cruz.
El fanático en
realidad tiene dudas pues no está seguro de “sus verdades” y necesita
reafirmarlas intentando imponerlas a los demás, no viendo como el enemigo le
hace decir y hacer lo que ellos creen hacen por propia voluntad, no siendo
capaz de admitir las pruebas de algo para preferir sus cuentos para
justificarse, creyendo que solo existe una forma de pensar, que es la suya,
pues la verdad única y absoluta le pertenece, siendo capaz de justificar la
muerte de los que tengan ideas contrarias a las suyas.
Lo lamentable de estos
fanáticos religiosos es que no solo ponen en riesgo, o pierden la salvación,
sino que al mismo tiempo que destruyen vidas de inocentes que se dejan llevar,
o aceptan como verdaderos sus razonamientos, llegando a extremos como la
masacre en Guayana o a cometer genocidios como en la segunda guerra mundial.
Muchos fracasos
espirituales se deben a no estar arraigado en los fundamentos de la doctrina,
pues, como dijo el Apóstol:
“… todo aquel que participa de la leche es
inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es
para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos
ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por tanto, dejando ya los
rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección” Hebreos
5:15–6:1
En tanto que la
mayoría de los fanáticos no están lo suficientemente capacitados para contener
a las almas que necesitan ser asistidas, y esto es porque desconocen los
fundamentos esenciales de la doctrina, olvidando que el apóstol le dice a
Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y
de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y
a los que te oyeren” 1 Timoteo 4:16.
Un buen cristiano
pide más perdón, y perdona, más de lo que hace o da, y lucha cada día contra la
vida carnal para no pecar, aunque Cristo mismo nos dice que somos pecadores por
naturaleza por lo que pide que nos arrepintamos y sigamos Su Palabra ya que es
el camino de la salvación, a pesar de que seguramente encontraremos piedras que
tratarán de impedirnos el avance.
“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido
dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero
cada uno mire cómo sobreedifica” 1 Corintios 3:10, estas palabras del
Apóstol destacan sobre todas las cosas la soberanía de Dios, doctrina que nos
cuesta aceptar como principio para nuestras vidas y como condición necesaria
para que cada creyente sea edificado, y a su vez, sea un edificador enteramente
apto en la iglesia del Señor, y nos cuesta aceptar porque significa dejar de ser
nosotros para que sea Cristo en nosotros quien gobierne nuestros pensamientos y
acciones.
Y un arquitecto
necesita orden y capacidad de discernimiento, condiciones necesarias para
desarrollar la respuesta adecuada, para lo cual elige con los que va a trabajar
y desecha otros, no porque no sirven, sino porque no son útiles a ese proyecto,
es por esto que somos parte de un mismo cuerpo, el de Cristo, pero no somos
todos brazos, ni todos piernas, sino que cada uno cumple una función
determinada conforme a su voluntad.
Debemos entender
que de nada vale conocer toda la Biblia o recitarla de memoria si no hemos sido
capacitados por el Espíritu para que con discernimiento podamos edificar una
estructura de fe sobre el fundamento de su doctrina, y conforme al espíritu de la
Palabra de Dios, por lo que el apóstol les dice a los Gálatas:
“Estoy maravillado de que tan pronto os
hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un
evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y
quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del
cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea
anatema” Gálatas 1:6-8.
Así que, hermanos,
si tenemos la convicción de que somos salvos por gracia, debemos asumir la
obligación de saber que el Señor nos ha convocado “para que anunciemos las virtudes de aquel, que nos sacó de las
tinieblas a su luz admirable”, y la única forma de hacerlo es predicando el
verdadero evangelio, por lo tanto, escudriñemos entonces su Palabra y hablemos
solamente Su verdad.
El verdadero
evangelio es el que anunciaron los profetas, el que predicó el Señor y sobre el
cual echó sus cimientos la iglesia apostólica, es el que una cantidad de
hermanos predican a medias porque no lo conocen con profundidad, por lo que
nuestra posición debe ser la del apóstol cuando dijo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los
hombres” Hechos 5:29.
Por lo tanto,
predispongamos nuestro corazón y entreguémonos a la sana meditación de su
Palabra, con espíritu de humildad, recordando lo que éramos, pobres e indignos
pecadores que un día fuimos movidos al arrepentimiento y salvos por gracia; y
que estando imposibilitados por nuestras propias limitaciones de conocer los
misterios de su gracia, nos ha sido concedido el privilegio de poder
disfrutarlos.
Bendiciones

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