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,"!Dios ten Misericordia de Colombia. .)

miércoles, 23 de enero de 2019

TEMA DE ACTUALIDAD


LA INDIFERENCIA EN LA IGLESIA

Introducción: ¿Deberíamos los cristianos preguntarnos si a Dios le importa la ética, la política, la economía, la justicia social, el medioambiente...? Si hemos leído Deuteronomio no podemos negar que Dios es justo e imparcial. Y si medianamente hemos leído a los profetas, no podemos negar que a Dios no le era indiferente lo que  estaba sucediendo en medio de su pueblo y de todo lo que lo rodeaba. Una muestra de lo que decimos se puede constatar en el mensaje lanzado por el profeta Amós, cuando dice de Israel: “… Venden al justo por monedas, y al necesitado, por un par de sandalias. Pisotean la cabeza de los desvalidos como si fuera el polvo de la tierra y pervierten el camino de los pobres… se acuestan sobre ropa que tomaron en prenda, y el vino que cobraron como multa lo beben en la casa de su Dios…” (Amos 2:6-8).
Poco o nada se  diferencia nuestra sociedad de la de la época del Profeta.
El mismo Jesús inicia su ministerio público con un plan estratégico que hizo tambalear a los que le acompañaban en la sinagoga en el momento en que lo leyó: “El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos…” (Lucas 4:18)
Constatamos que no se pregona el aislamiento y la separación anti bíblica del mundo, sino que se lanzó a la cruzada de predicar, enseñar, sanar, mostrar misericordia, por calles, aldeas y caminos; en una sinagoga, en un monte, en una barca o alrededor de una mesa.
Con creces nos mostró el carácter transformador de su mensaje.
Con su ejemplo, Jesús dejó muy claro que no debemos esperar edificar el reino de Dios en la tierra, que nuestra esperanza es escatológica, pero que a través de nuestro testimonio y servicio, mostrando las evidencias de la nueva vida en Él, podemos generar cambios revolucionarios en la sociedad aquejada por tantos males, males ante los cuales una verdadera vocación cristiana claudica por su indiferencia ante la lucha por el cambio social.
Jesús quiere hacernos tomar conciencia de nuestra responsabilidad social como iglesia, sabiendo que las estructuras sociales influyen sobre ella y sus seguidores, y si nos negamos a conocer esta realidad, presentaríamos un evangelio adulterado y mermaríamos nuestra vida cristiana.
Sabemos que en Colombia aún somos una minoría, y a pesar de que hay voces de organizaciones y personas individuales que se expresan, todavía nos falta más voz uniéndose a las ya existentes, creernos más que somos como David contra Goliat. Vamos caminando pero nos cuesta admitir que podemos ser agentes de cambio posible de este mundo en el que estamos inmersos.
Y nos preguntamos por qué cuesta tanto dar la cara.
En tal sentido, se hace necesario preguntar al interior de distintos ámbitos evangélicos, formulándoles a sus líderes estas preguntas:
1.- ¿Por qué piensa que buena parte de los creyentes no se posicionan sobre cuestiones éticas y sociales, ante las cuales todo cristiano no debiera permanecer impasible?
2.- ¿Es esta actitud responsabilidad de los medios de comunicación evangélicos que no preguntan, o tal vez de los líderes y organizaciones evangélicas que prefieren no comprometerse con temas que resultan poco “espirituales” en ciertos ámbitos evangélicos?
3-¿O será que el silencio cómplice se debe a “temor” de represalias político-económicas de  la sociedad y/o sus gobiernos?
La postura de no posicionamiento ante ciertas cuestiones éticas y sociales, puede ser por varias razones.
La primera, por comodidad. Digas lo que digas, sobre algunos temas, siempre molestas a alguien. Basta ver las reacciones a muchas noticias de la política interna de nuestro país ante tales discusiones, muchos  prefieren no entrar en el tema.
En segundo lugar, los debates parecen, tristemente, dominados por fanáticos, que lo único que hacen es exhibir su ignorancia. Si ves las reacciones, la mayor parte de las respuestas, demuestran no haber leído siquiera el texto, o no tener la capacidad por lo menos, para entender lo que leen. Eso hace que las personas que tienen una opinión más razonada se repriman para hablar al respecto, dado el tono general de la conversación, tan desagradable y absurdo...
En tercer lugar, también hay veces, ¿por qué no?, que uno no sabe qué pensar sobre ciertas cosas. La Biblia habla claramente sobre algunos comportamientos, pero otros los juzgamos por implicaciones indirectas de lo que la Escritura dice. Eso hace que no tengamos seguridad, sobre si nuestro punto de vista es correcto. Por eso no entiendo el dogmatismo de algunos, en ciertas cuestiones éticas que afectan a todos por igual, a la vez que se muestran tan relativistas en asuntos doctrinales, de los que nuestra salvación depende. Yo creo que tenemos más seguridad sobre una cosa, que sobre la otra...
Lo tristemente cierto es que la Iglesia guarda un aterrador silencio, ante hechos  escalofriantes; sin que ninguno de sus líderes se atreva a  proponer un cambio de postura ante tales desatinos.
La realidad es que en la comodidad en la que han  centrado su gestión o “ministerio” (como algunos se atreven a llamar) priman  factores de posición social, economía y ambiciones netamente personales, llegando al extremo de que  sus liderazgos y posiciones dentro de las organizaciones evangélicas (iglesias) se convierten en legados hereditarios para sus familiares y allegados. Dejando de lado la VERDADERA  NATURALEZA del llamado Divino.
Duele ver día a día en medio de  hechos  inhumanos, que nada mueve  el interés  cristiano hacia hacerse participe de las soluciones para los problemas que aquejan nuestro pueblo. Parece como si el ser Cristiano fuera sinónimo de aislamiento e indolencia, cuando lo expresado por el Señor JESUS, fue totalmente lo contrario.
Algunos medios evangélicos no preguntan sobre algunos temas éticos y sociales, porque no pueden opinar sobre ciertos asuntos, si no es para reflejar la diversidad de la institución que representan.
Otros, efectivamente, porque les parecen poco espirituales. Sería, para ellos, como rebajar el mensaje a una cuestión de debate. Lo que provoca división, para ellos, no es edificante. Así que se alimentan de tópicos y frases hechas, con las que nadie puede estar en desacuerdo, si es creyente, so pena de ser marginado.
El cristianismo impasible salta por los aires sólo cuando en el centro de su creer y vivir se encuentra la persona de Jesús. El posicionamiento social de Jesús fue tan subversivo y revolucionario en medio de su realidad social, que le llevó al sufrimiento, la cruz y la muerte. Pero cambió la historia.
Cabría preguntarse hasta dónde llega nuestro compromiso con el seguimiento de Jesús, si el resultado final es un cristianismo impasible, tolerante, descarnado, ciego, sordo y mudo ante lo que sucede en su mundo.
Los medios de comunicación evangélicos tienen una parte de responsabilidad en todo esto, claro está. De ellos se reclama objetividad y veracidad para informar y formar opinión. Pero, en el fondo, el papel de los medios es convertirse en “notarios de la realidad” ofreciendo “voz e imagen” de las noticias.
La pregunta tiene como telón de fondo si somos capaces o no de entender y asociar “lo espiritual” con “lo ético y lo social”. A mi juicio, la cuestión ha de situarse en un horizonte de comprensión más amplio y comprometido: ¿Es el cristianismo una opción de vida alternativa en todas sus dimensiones a la del mundo? ¿No enseñó Jesús de Nazaret que tan ser cristianos es “no ser del mundo” como “estar en el mundo”, pero desde otros valores? ¿O debemos convertirnos en OSNIS (Objetos Sagrados No Identificados) en medio de la realidad social?
Creo que hay un buen número de creyentes que sí se posicionan comprometidamente sobre los asuntos éticos en nuestra sociedad, pero también es cierto que cada vez hay un mayor número de practicantes de un “cristianismo-estanco”. Me refiero a una concepción de la espiritualidad que solo afecta a las manifestaciones culticas de la iglesia, sin ninguna trascendencia ni efectos en el resto de nuestra actividad personal.
Creo que estamos cayendo en un cristianismo evangélico nominal, que degrada y menosprecia la exigente grandeza del Evangelio y que, en la práctica, niega la autoridad a la Palabra de Dios, a la que queremos conformar y condicionar a nuestros gustos y modas.
La responsabilidad última es personal, y cada uno deberíamos considerar bien la seria advertencia del Señor: ‘A cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre’. Pero creo que también hay una gran parte de responsabilidad en el liderazgo de las iglesias, porque siempre resulta más fácil contentar a todos, eludir los temas espinosos y no incomodar a nadie… Pero la Iglesia (y cada una de las congregaciones) tiene encomendado el mandato del Señor, para confrontar los criterios y valores de esta sociedad con la voluntad revelada de Dios. Rebajar el mensaje de La Biblia y claudicar a 'la santidad que conviene a la casa de Dios’ está facilitando esa visión estancada y nominal de un falso cristianismo, del que los ancianos, maestros y pastores  tendremos que rendir cuentas severamente.

Y es que la indiferencia complice comienza cuando en nuestro entorno se cometen arbitrariedades en contra de  personas y nos quedamos callados, nos hacemos a un costado , volteamos a mirar para otro lado. Dejamos que se  maltrate y se violen los derechos de personas aun amigas o familiares nuestras, por temor a ser objeto de  persecución o maltrato.

No es hora de callar dice una propaganda en moda; pero esta es una realidad imperante para todo aquel que se dice ser Cristiano, callar es  ser cómplice;  es mejor ser divididos por la verdad que unidos por el error……

Bendiciones

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