LA INDIFERENCIA EN LA IGLESIA
Introducción: ¿Deberíamos los cristianos preguntarnos si a
Dios le importa la ética, la política, la economía, la justicia social, el
medioambiente...? Si hemos leído Deuteronomio no podemos negar que Dios es
justo e imparcial. Y si medianamente hemos leído a los profetas, no podemos
negar que a Dios no le era indiferente lo que estaba sucediendo en medio de su
pueblo y de todo lo que lo rodeaba. Una muestra de lo que decimos se puede
constatar en el mensaje lanzado por el profeta Amós, cuando dice de Israel: “… Venden al justo por monedas, y al
necesitado, por un par de sandalias. Pisotean la cabeza de los desvalidos como
si fuera el polvo de la tierra y pervierten el camino de los pobres… se
acuestan sobre ropa que tomaron en prenda, y el vino que cobraron como multa lo
beben en la casa de su Dios…” (Amos 2:6-8).
Poco o nada se diferencia nuestra sociedad de la de la época del
Profeta.
El mismo Jesús inicia su
ministerio público con un plan estratégico que hizo tambalear a los que le
acompañaban en la sinagoga en el momento en que lo leyó: “El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para
anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los
cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos…” (Lucas
4:18)
Constatamos que no se pregona
el aislamiento y la separación anti bíblica del mundo, sino que se lanzó a la
cruzada de predicar, enseñar, sanar, mostrar misericordia, por calles, aldeas y
caminos; en una sinagoga, en un monte, en una barca o alrededor de una mesa.
Con creces nos mostró el
carácter transformador de su mensaje.
Con su ejemplo, Jesús
dejó muy claro que no debemos esperar edificar el reino de Dios en la tierra,
que nuestra esperanza es escatológica, pero que a través de nuestro testimonio
y servicio, mostrando las evidencias de la nueva vida en Él, podemos generar
cambios revolucionarios en la sociedad aquejada por tantos males, males ante
los cuales una verdadera vocación cristiana claudica por su indiferencia ante la lucha
por el cambio social.
Jesús quiere hacernos
tomar conciencia de nuestra responsabilidad social como iglesia, sabiendo que
las estructuras sociales influyen sobre ella y sus seguidores, y si nos negamos
a conocer esta realidad, presentaríamos un evangelio adulterado y mermaríamos
nuestra vida cristiana.
Sabemos que en Colombia
aún somos una minoría, y a pesar de que hay voces de organizaciones y personas
individuales que se expresan, todavía nos falta más voz uniéndose a las ya
existentes, creernos más que somos como David contra Goliat. Vamos caminando
pero nos cuesta admitir que podemos ser agentes de cambio posible de este mundo
en el que estamos inmersos.
Y nos preguntamos por qué cuesta tanto dar la cara.
En tal sentido, se hace
necesario preguntar al interior de distintos ámbitos evangélicos, formulándoles
a sus líderes estas preguntas:
1.- ¿Por qué piensa que
buena parte de los creyentes no se posicionan sobre cuestiones éticas y
sociales, ante las cuales todo cristiano no debiera permanecer impasible?
2.- ¿Es esta actitud
responsabilidad de los medios de comunicación evangélicos que no preguntan, o
tal vez de los líderes y organizaciones evangélicas que prefieren no
comprometerse con temas que resultan poco “espirituales” en ciertos ámbitos
evangélicos?
3-¿O será que el
silencio cómplice se debe a “temor” de represalias político-económicas de la sociedad y/o sus gobiernos?
La postura de no posicionamiento ante ciertas
cuestiones éticas y sociales, puede ser por varias razones.
La primera, por
comodidad. Digas lo que digas, sobre algunos temas, siempre molestas a alguien.
Basta ver las reacciones a muchas noticias de la política interna de nuestro país
ante tales discusiones, muchos prefieren
no entrar en el tema.
En segundo lugar, los
debates parecen, tristemente, dominados por fanáticos, que lo único que hacen
es exhibir su ignorancia. Si ves las reacciones, la mayor parte de las
respuestas, demuestran no haber leído siquiera el texto, o no tener la
capacidad por lo menos, para entender lo que leen. Eso hace que las personas
que tienen una opinión más razonada se repriman para hablar al respecto, dado
el tono general de la conversación, tan desagradable y absurdo...
En tercer lugar, también
hay veces, ¿por qué no?, que uno no sabe qué pensar sobre ciertas cosas. La
Biblia habla claramente sobre algunos comportamientos, pero otros los juzgamos
por implicaciones indirectas de lo que la Escritura dice. Eso hace que no
tengamos seguridad, sobre si nuestro punto de vista es correcto. Por eso no
entiendo el dogmatismo de algunos, en ciertas cuestiones éticas que afectan a
todos por igual, a la vez que se muestran tan relativistas en asuntos
doctrinales, de los que nuestra salvación depende. Yo creo que tenemos más
seguridad sobre una cosa, que sobre la otra...
Lo tristemente cierto es
que la Iglesia guarda un aterrador silencio, ante hechos escalofriantes; sin que ninguno de sus líderes
se atreva a proponer un cambio de
postura ante tales desatinos.
La realidad es que en la
comodidad en la que han centrado su gestión
o “ministerio” (como algunos se atreven a llamar) priman factores de posición social, economía y
ambiciones netamente personales, llegando al extremo de que sus liderazgos y posiciones dentro de las
organizaciones evangélicas (iglesias) se convierten en legados hereditarios
para sus familiares y allegados. Dejando de lado la VERDADERA NATURALEZA del llamado Divino.
Duele ver día a día en
medio de hechos inhumanos, que nada mueve el interés cristiano hacia hacerse participe de las
soluciones para los problemas que aquejan nuestro pueblo. Parece como si el ser
Cristiano fuera sinónimo de aislamiento e indolencia, cuando lo expresado por
el Señor JESUS, fue totalmente lo contrario.
Algunos medios
evangélicos no preguntan sobre algunos temas éticos y sociales, porque no
pueden opinar sobre ciertos asuntos, si no es para reflejar la diversidad de la
institución que representan.
Otros, efectivamente,
porque les parecen poco espirituales. Sería, para ellos, como rebajar el
mensaje a una cuestión de debate. Lo que provoca división, para ellos, no es
edificante. Así que se alimentan de tópicos y frases hechas, con las que nadie
puede estar en desacuerdo, si es creyente, so pena de ser marginado.
El cristianismo
impasible salta por los aires sólo cuando en el centro de su creer y vivir se
encuentra la persona de Jesús. El posicionamiento social de Jesús fue tan
subversivo y revolucionario en medio de su realidad social, que le llevó al
sufrimiento, la cruz y la muerte. Pero cambió la historia.
Cabría preguntarse hasta
dónde llega nuestro compromiso con el seguimiento de Jesús, si el resultado
final es un cristianismo impasible, tolerante, descarnado, ciego, sordo y mudo
ante lo que sucede en su mundo.
Los medios de
comunicación evangélicos tienen una parte de responsabilidad en todo esto,
claro está. De ellos se reclama objetividad y veracidad para informar y formar
opinión. Pero, en el fondo, el papel de los medios es convertirse en “notarios
de la realidad” ofreciendo “voz e imagen” de las noticias.
La pregunta tiene como
telón de fondo si somos capaces o no de entender y asociar “lo espiritual” con
“lo ético y lo social”. A mi juicio, la cuestión ha de situarse en un horizonte
de comprensión más amplio y comprometido: ¿Es el cristianismo una opción de
vida alternativa en todas sus dimensiones a la del mundo? ¿No enseñó Jesús de
Nazaret que tan ser cristianos es “no ser del mundo” como “estar en el mundo”,
pero desde otros valores? ¿O debemos convertirnos en OSNIS (Objetos Sagrados No
Identificados) en medio de la realidad social?
Creo que hay un buen
número de creyentes que sí se posicionan comprometidamente sobre los asuntos
éticos en nuestra sociedad, pero también es cierto que cada vez hay un mayor
número de practicantes de un “cristianismo-estanco”. Me refiero a una
concepción de la espiritualidad que solo afecta a las manifestaciones culticas
de la iglesia, sin ninguna trascendencia ni efectos en el resto de nuestra
actividad personal.
Creo que estamos cayendo
en un cristianismo evangélico nominal, que degrada y menosprecia la exigente
grandeza del Evangelio y que, en la práctica, niega la autoridad a la Palabra
de Dios, a la que queremos conformar y condicionar a nuestros gustos y modas.
La responsabilidad última
es personal, y cada uno deberíamos considerar bien la seria advertencia del
Señor: ‘A cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré
delante de mi Padre’. Pero creo que también hay una gran parte de
responsabilidad en el liderazgo de las iglesias, porque siempre resulta más
fácil contentar a todos, eludir los temas espinosos y no incomodar a nadie…
Pero la Iglesia (y cada una de las congregaciones) tiene encomendado el mandato
del Señor, para confrontar los criterios y valores de esta sociedad con la
voluntad revelada de Dios. Rebajar el mensaje de La Biblia y claudicar a 'la
santidad que conviene a la casa de Dios’ está facilitando esa visión estancada
y nominal de un falso cristianismo, del que los ancianos, maestros y pastores tendremos que rendir cuentas severamente.
Y es que la indiferencia complice comienza cuando en nuestro entorno se cometen arbitrariedades en contra de personas y nos quedamos callados, nos hacemos a un costado , volteamos a mirar para otro lado. Dejamos que se maltrate y se violen los derechos de personas aun amigas o familiares nuestras, por temor a ser objeto de persecución o maltrato.
Y es que la indiferencia complice comienza cuando en nuestro entorno se cometen arbitrariedades en contra de personas y nos quedamos callados, nos hacemos a un costado , volteamos a mirar para otro lado. Dejamos que se maltrate y se violen los derechos de personas aun amigas o familiares nuestras, por temor a ser objeto de persecución o maltrato.
No es hora de callar
dice una propaganda en moda; pero esta es una realidad imperante para todo
aquel que se dice ser Cristiano, callar es
ser cómplice; es mejor ser
divididos por la verdad que unidos por el error……
Bendiciones

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